Pastor Orlando Cano
Eclesiastés 7:19-29
La sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad. Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque. Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti; porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces. odas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Seré sabio; pero la sabiduría se alejó de mí. Lejos está lo que fue; y lo muy profundo, ¿quién lo hallará? Me volví y fijé mi corazón para saber y examinar e inquirir la sabiduría y la razón, y para conocer la maldad de la insensatez y el desvarío del error. Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; mas el pecador quedará en ella preso. He aquí que esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón; 28 lo que aún busca mi alma, y no lo encuentra: un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todas estas nunca hallé. He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.
Cuando observamos el texto se establece que la sabiduría puede fortalecer a una persona sabia más que diez individuos poderosos en una ciudad. Es innegable que en este mundo, no existe un ser humano completamente justo que nunca cometa errores. Asimismo, no debemos prestar atención a todas las palabras que se dicen sobre nosotros, evitando escuchar a quienes hablan mal de nosotros, ya que todos hemos criticado a otros en algún momento. Es esencial reflexionar sobre lo que el texto nos transmite. En primer lugar, nos indica que la sabiduría, tiene el poder de fortalecer a una persona más allá de lo que pueden lograr diez individuos poderosos en una ciudad. Cuando analizamos lo que el autor quiere decir, podríamos preguntarnos: «Si tuviera que salvar una ciudad, necesitaría individuos extremadamente fuertes y poderosos». Sin embargo, en la perspectiva divina, las cosas son diferentes. En la economía de Dios, un individuo sabio supera a diez poderosos. Un individuo sabio posee más fuerza y poder en la Tierra.
No son los políticos quienes moldean la historia. El control de la historia reside en manos de Dios, quien coloca y quita a los reyes. Mi confianza está puesta en el Señor, no en los seres humanos. En momentos como este, uno puede preguntarse: «¿Cómo es posible que un sabio sea más fuerte que diez individuos poderosos?». Sin embargo, en la economía divina, esta afirmación es verdadera. Un individuo sabio supera en poder a diez individuos poderosos en la Tierra.
En el capítulo 7 de Eclesiastés, versículo 12, leemos: «Porque el resguardo está en la ciencia y el resguardo está en el dinero; mas la sabiduría es la que da vida a los que la tienen». Aquí se plantea la pregunta: ¿Qué es más valioso, la sabiduría o el dinero? El texto menciona «ciencia» y «dinero». No se debe subestimar la importancia del conocimiento; es fundamental estudiar y capacitarnos. Sin embargo, la sabiduría va más allá. El conocimiento se convierte en un escudo, ya que nos permite enfrentar diversas situaciones y resolver problemas. Por otro lado, el dinero, cuando es abundante, puede hacernos menos conscientes de la administración financiera, ya que se puede tomar de la abundancia sin preocuparse por la distribución. A menudo, las personas con abundancia de dinero no saben cuánto ganan ni cuánto gastan. La sabiduría, en cambio, es más que un escudo; da vida a quienes la poseen. Tener conocimiento y dinero es valioso, pero si carecemos de sabiduría para administrarlos, podemos perderlos.
Proverbios 4:5, presenta un consejo paternal a un hijo: «Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las palabras de mi boca. No la dejes, y ella te protegerá; ámala, y ella te cuidará. La sabiduría es lo principal; adquiere sabiduría, y con todos tus bienes adquiere inteligencia. Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará cuando la abraces». Aquí se enfatiza que la sabiduría es la clave. Si deseamos alcanzar un propósito en la vida, debemos buscar primero la sabiduría. En este contexto, la sabiduría no es simplemente información o conocimiento, sino una persona, Jesucristo. Abrazar la sabiduría significa abrazar a Jesucristo, quien es la fuente de toda sabiduría y entendimiento. Cuando lo hacemos, nos honra, nos cuida y nos engrandece. Si aspiramos al éxito y a alcanzar nuestras metas, busquemos primero la sabiduría, busquemos a Jesucristo, quien nos guiará en el camino correcto.

